El futuro de la economía venezolana



Como es lógico, ha estado muy activa una discusión pública sobre cómo salir de la crisis. No hay acuerdo en el modo en que en el corto, cortísimo plazo, tenemos que recuperar el poder adquisitivo del salario y poner un torniquete al flujo de bienes y de talentos hacia el exterior.
Las pérdidas económicas de Venezuela por la devaluación espuria pueden medirse en millones cada hora. No es sólo la fuga de talentos que nos costó muchos millones formar y el contrabando de extracción de gasolina, alimentos y medicinas, incluso de bienes convertidos en chatarra antes de extraerlos del país: es el incremento de la desigualdad, es la desmotivación para trabajar por un sueldo simbólico o por recibir irrisorias remesas del exterior, es la parálisis por los problemas de transporte y otros servicios.
Urge una revaluación del bolívar por cualquier método razonable que tengamos a la mano.
Unos economistas se baten por la liberación de precios y del cambio con divisas extranjeras. Otros parten lanzas por el control de precios y el control de cambios. Aunque opuestas, son las dos caras de la economía ortodoxa. Una liberal y otra proteccionista, pero ambas ortodoxas. Mientras gastamos una gran cantidad de energía en estas discusiones, estamos perdiendo el tren hacia el futuro.
Nuestra revolución, hasta nuevo aviso, ha tomado el camino de que la burguesía juegue un rol en la sociedad, con corresponsabilidad en el bienestar colectivo. En este escenario, la burguesía debe realizar las importaciones que le toque realizar, según los roles que le ha asignado la sociedad. El Estado debe realizar sus propias importaciones, relacionadas con las industrias estatales y con las ayudas sociales que ha asumido.
Casi exclusivamente, el Estado produce las divisas en Venezuela. La solución no es entregarle esas divisas a la burguesía ni que el Estado gaste todas las divisas directamente. Ninguna de las dos propuestas principistas son soluciones en forma pura. La primera no funciona por fuga de capitales y empleo de divisas en frivolidades. La segunda no funciona por corrupción y falta de eficiencia burocrática.
La solución en la era de la información, del “big data” y el procesamiento intensivo de datos, de la toma de decisiones a tiempo real, de los sistemas distribuidos, de la inteligencia artificial, de la criptoeconomía, es lograr altos niveles de transparencia, hacerle seguimiento a la información a nivel de detalle y generar respuestas rápidas sobre la base de un entramado tecnológico, administrativo y jurídico. Debemos adaptarnos en cuestión de horas o minutos a cualquier cambio de las variables económicas, tomar medidas legales o de intervención en la economía, a tiempo real pero con contundencia. Un sistema judicial muy riguroso tiene que jugar un rol de primer orden.
La economía futura se caracterizará por la super liquidez de activos. Todos los papeles financieros, incluyendo las acciones de cualquier empresa, estarán representados por “tokens” criptográficos. No habrá bolsa de valores como la conocemos, ni sistemas de compensación interbancaria, ni bancos centrales al estilo clásico. Todo estará en internet al alcance de cualquier celular. Los “brokers” o intermediarios serán aplicaciones de inteligencia artificial.
Las decisiones económicas, como subir o bajar las tasas de interés, la base monetaria, el encaje bancario, la unidad tributaria y el tipo de cambio, entre otras, serán ejecutadas en modo de piloto automático, en plazos de minutos o aún menores. Los humanos definiremos los algoritmos, los sistemas ejecutarán los algoritmos.
El concepto de Renta Básica Universal, de moda en parte debido a la oleada de pérdidas de empleo que se espera por causa de la robótica y la inteligencia artificial, será cada vez más adoptado. Aquí, por razones diferentes, ya hemos implementado algo similar, con los programas de los CLAP y los bonos a través del Carnet de la Patria. Debemos reorientar este concepto en función de todas las variables que entrarán en juego.
Los mercados monetarios serán cada vez más descentralizados, especulativos e impredecibles. Estarán cada vez más bajo el control de grandes corporaciones privadas coaligadas, que dominarán la criptoeconomía. Las monedas “fíat” estatales tendrán cada vez menos influencia. Las economías periféricas como la nuestra, tendrán que defenderse con monedas y activos anclados a commodities, porque en el campo de la batalla especulativa no tendremos chance.
Nos toca de cerca la evolución a las nuevas energías limpias. Tenemos que iniciar un mega proyecto paraguas donde haya muchos proyectos de investigación en el uso de combustibles fósiles de manera limpia, porque los produciremos durante los próximos 300 años. Tenemos que diseñar sistemas de combustión (sea en vehículos o en plantas de generación eléctrica) donde se encapsulen las emisiones, en tanques o bombonas, para su posterior tratamiento a través de procesos químicos o biológicos, por ejemplo, procesando el CO2 con vegetales modificados genéticamente para que aceleren el proceso de fotosíntesis, de liberación de oxígeno y retención de carbono.
No podemos quedarnos en el falso dilema de si hacer control de cambios o liberar el tipo de cambios. Si no anclamos cuanto antes el valor de nuestra moneda al valor de nuestros commodities más apetecidos mundialmente, no podremos iniciar el camino al futuro.

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